Hoy, 3 de julio, celebramos la festividad de Santo Tomás, apóstol, quien, al anunciarle los otros discípulos que Jesús había resucitado, no lo creyó, pero cuando Jesús le mostró su costado traspasado por la lanza y le dijo que pusiera su mano en él, exclamó: «Señor mío y Dios mío».

Y con esta fe que experimentó Santo Tomás predicó el Evangelio a los partos, medos, persas e hircanios, y que después pasó a la India y fue martirizado en “Calamina”.

El nombre Tomás en arameo significa “mellizo” y el apodo con el que se conocía al apóstol, Dídimo, en griego tiene el mismo significado. 

Roguemos a Santo Tomás para que nuestra fe aumente constantemente y creamos sin haber visto.

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